domingo, 21 de septiembre de 2008

a una amiga que se divirtió mucho un sábado fresquecito (21-Sep-08) S.


Enfermedades incurables

Amaneció un cielo carnoso esperando ser preñado; ella me dejó así: con mis carnes al desnudo y la saliva por los poros; nos metimos al mar como dos ancianos, sin nada de pasión y rebosantes de desidia, quise que algún maldito tiburón se la tragara y no la encontraran nunca; mis aspiraciones nunca se cumplen, el destino se vuelve rutina y yo esclavo de la circunstancia. Si fuera dios la hubiese creado sorda y así gritar mis injurias con toda excitación; gracias a Dios que no soy dios. Ella con su vista de águila tuerta se da cuenta hasta cuando veo senos a varios metros. Como quisiera que se muriese; ella no fuma ni toma, su único vicio era hacerme cada día un infierno. Me casé con ella porque me alabaron sus caderas y sus labios de puta con caché, y para mi desgracia si era puta. En fin, es más joven que yo, mucho más. Se ha acostado hasta con los primos políticos que no conozco, casi no puedo hacer visitas familiares y ella va en mi representación. Siempre me entero de sus andanzas, no me enojo, la entiendo, es joven y puta, qué más da. Lo mejor que hace por mi es bañarme, tardaría horas si lo hiciera sólo, en esta condición me he vuelto lento. Ah, lo olvidaba, me lee algunas novelas porque mi vista es escasa, ella es tortugona y torpe para leer, en los puteros imagino que no enseñan el arte de la dicción o algo así; una vez tardó tres meses en terminarme Dorian Grey, a veces me toca fastidiarla. Ella quiere también que me muera, lo sé porque algunas veces me ha envenenado, otras me ha aventado de las escaleras y hasta ha hecho lo más insólito, el abandonarme en un pueblo a horas de distancia con el pretexto de ir a visitar a su familia (también las putas tienen familia), me dejó a la deriva por dos días y un pinche calor que había, casi muero si no es por un cabrón al que tuve que darle mi reloj para que me llevara de regreso. La perdoné, que más da. La muy descarada improvisó una fiesta de bienvenida por mi deseado y anhelado retorno; ese día folló con el mesero, lo sé porque estaban en mi cama y aún así no cambió las sábanas. Era un buen tipo y no pude negarle la propina. Así es mi vida, no pasa nada extraordinario, uno que otro instante de módicas sonrisas; ella sigue a mi lado después de tanto tiempo, ahora se ve tan vieja como yo, la pobre se enfermó y ya no habla (la quería sorda no muda); los pechos se le están cayendo, sus ojos son ojos de muerto y parece que no respira. Pobre mi putita, no era tan mala.

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