
El gato manco
Los gatos me asustan, tantos relatos de espanto sobre ellos han hecho que los odie y rece cada vez que veo uno. Cierto día un gato amaneció junto a mi cama, eso no era todo, era un gato manco o supuse que así se le decía. De tanto terror me desmayé. Soñé con gatos de diferentes matices, texturas y variedad de razas. Unos gritaban como niños, otros más jugaban con bolas de estambre y los demás se relamían entre sí, fue un espectáculo grotesco. Abrí los ojos, tembloroso observé que el gato manco seguía a mi lado; me miraba, ronroneaba, me guiñaba el ojo, me dominaba. Corrí hasta quedar casi con la lengua de fuera, sediento. Nosotros deberíamos tener control sobre ellos, pero son tan astutos, malignos. Creo que la ley del más fuerte ha sido desechada. Tocaron a la puerta, huí despavorido y me refugié a los pies de mi amo suplicando con ladridos su ayuda.
Los gatos me asustan, tantos relatos de espanto sobre ellos han hecho que los odie y rece cada vez que veo uno. Cierto día un gato amaneció junto a mi cama, eso no era todo, era un gato manco o supuse que así se le decía. De tanto terror me desmayé. Soñé con gatos de diferentes matices, texturas y variedad de razas. Unos gritaban como niños, otros más jugaban con bolas de estambre y los demás se relamían entre sí, fue un espectáculo grotesco. Abrí los ojos, tembloroso observé que el gato manco seguía a mi lado; me miraba, ronroneaba, me guiñaba el ojo, me dominaba. Corrí hasta quedar casi con la lengua de fuera, sediento. Nosotros deberíamos tener control sobre ellos, pero son tan astutos, malignos. Creo que la ley del más fuerte ha sido desechada. Tocaron a la puerta, huí despavorido y me refugié a los pies de mi amo suplicando con ladridos su ayuda.
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