
Sólo borracho agarras valor. Esta frase rodea las mañanas después del alboroto etílico; nunca he negado esta máxima aunque muchas veces desearía jamás haberla escuchado. La verdad es que en esos momentos de algarabía la dignidad y la decencia son antónimos de nuestra personalidad; la pulcritud del lenguaje se vuelve acto olvidado y qué decir de la gramática de nuestros intentos por describir “el amor que guardamos dentro”. Hay una fuerza extraña (no comprobada) que nos invade en esos momentos, incluso podemos crear nuestro mundito en el cual somos dictadores, hacemos lo que más nos parezca conveniente, y al final terminamos haciendo únicamente (y exclusivamente) el “reverendo” ridículo. Nadie está exento de estos arrebatos.
Estas son algunas de las características notables: nos volvemos más viriles, golpeadores o campeón de tae-kwon-do nacional, poetas malditos, críticos semánticos o hasta las próximas leyendas de _________________ (inventa lo que quieras, posibles opciones: bebedores-aguantadores; “papá” del grupo de amigos; distribuidor de todo tipo de drogas; el próximo Gasparov (en la mafia ajedrecística), bailarín o exhibicionista, etc. Etc.) Podría llevarme muchas líneas seguir describiendo lo que sucede en esas noches (la mayor de las veces) de placeres mundanos y licorescos, no hay ninguna necesidad de decir lo que los ebrios conocen(mos), así que es mejor concluir para no caer vacilaciones.
Salucita.
Estas son algunas de las características notables: nos volvemos más viriles, golpeadores o campeón de tae-kwon-do nacional, poetas malditos, críticos semánticos o hasta las próximas leyendas de _________________ (inventa lo que quieras, posibles opciones: bebedores-aguantadores; “papá” del grupo de amigos; distribuidor de todo tipo de drogas; el próximo Gasparov (en la mafia ajedrecística), bailarín o exhibicionista, etc. Etc.) Podría llevarme muchas líneas seguir describiendo lo que sucede en esas noches (la mayor de las veces) de placeres mundanos y licorescos, no hay ninguna necesidad de decir lo que los ebrios conocen(mos), así que es mejor concluir para no caer vacilaciones.
Salucita.
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