
El cipariso (nombre poético del ciprés) siempre me ha parecido un árbol mítico, perfecto para crear ambientes tanto de nostalgía, trsiteza como amenizar horas lúgubres. Es extraordinariamente oscuro, no en el sentido de su composición física sino en lo que expresa su postura: es casi un mopnólito natural dejado al hombre para demostrarle que jamás tocará el cielo, las alturas, con sus propias manos (llega a medir 50 mts. de altura si crece en su habitat natural).
El poeta se acomoda sobre el árbol de la agonía
dichoso en su penuria sábese cobijado por las rugosas manos de la soledad
y aunque el cipresal abundante expone plenitud el espacio a la rendición
sólo pertenece a un sirviente
que la raíz no deja escapar
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