
1ra entrega
Fines de semana consecutivos, como si fuera una tarea, casi una responsabilidad. Espero con ansias que llegue. Esos desvaríos y andanzas se están convirtiendo ahora en un castigo. La carga de la culpa. Necesito ver del otro lado del espejo, dejar de sentirme autosuficiente y un invencible, a veces veo el fondo del abismo tan cerca que creo que ya pertenezco ahí. Es extraño saberse de un lugar que genera miedo y resignación. Ya no veo salida posible más que valerme por mí mismo, estoy solo en esta batalla, que ahora se volverá constante. Necesito que la valentía no me abandone a mi suerte, porque en mi caso la suerte está echada, aunque suene algo trillado.
Mis bolsillos vacíos en la semana me abofetean con altanería, camino por la calle viéndome irreprensible, pero por dentro no soy más que un transeúnte inmolado por mi propia necedad y torpeza. Mis impulsos me traicionan y siempre termino pagando las consecuencias, es decir, y soy recurrente, yo mismo soy una consecuencia.
J.
No hay comentarios:
Publicar un comentario